El alza de los alimentos le está pasando factura al presidente boliviano Evo Morales, que enfrenta el descontento de los trabajadores, convocados a una huelga general para este viernes, mientras que analistas consideran que el gobierno naufraga en sus políticas populistas.
La principal manifestación de ese malestar es el llamado de la unitaria Central Obrera Boliviana (COB) a la huelga y a marchas callejeras, sumándose de esa manera a protestas en varias ciudades por el alza de precios de los productos.
El presidente se reunió este jueves con dirigentes gremiales, incluyendo al secretario Ejecutivo de la COB, pero dicha reunión terminó sin acuerdos, según la radio Erbol.
El miércoles la COB planteó un incremento de salarios sobre una base de 8.309 bolivianos (USD 1.183) mensuales, es decir multiplicar por 12 el salario mínimo actual, que equivale a 96 dólares al mes.
Morales desestimó este jueves esa demanda. "Cuando el planteamiento es de carácter irracional, descabellado", el pueblo no respalda, dijo.
"Me causa risa cuando (algunos dirigentes) piden incremento de 40%, 60 o 70%", dijo en una rueda de prensa en la casa de Gobierno.
Montes le replicó un poco más tarde señalándole que "el pueblo no come porcentajes y no es descabellado el pedido para el estómago de los bolivianos.
En medio de crecientes pedidos de aumento salarial, el presidente invitó a la COB a "formar una comisión para estudiar el tema de salarios, transparente: aquí está la plata del Estado, y no es la plata del Evo, responsablemente".
El mandatario reiteró que el aumento salarial de 2011 estará por encima del 7% de la inflación anual del año pasado.
A fines de diciembre pasado el gobierno anunció un alza de 83% en los combustibles, medida que debió retirar pocos días después tras una multitudinaria marcha de protesta convocada por la COB. Pero esa medida desencadenó un proceso inflacionario y de escasez que no se detiene.
Según el politólogo y ex asambleísta Jorge Lazarte, la población comenzó a desconfiar del gobierno de Morales, que fue reelecto para un segundo período de cinco años en 2010 con un abrumador 64% de los votos.
En las actuales circunstancias "es difícil confiar en un gobierno que toma una decisión que no es ni revolucionaria, ni es popular ni es antineoliberal", dijo Lazarte.
Por su parte, el independiente Julio Alvarado señaló que "el mayor problema que tiene el gobierno es que no ha podido cumplir con las expectativas del pueblo boliviano, porque ahora la población le está reclamando alimentos".
Mientras la población forma largas filas para obtener azúcar a precios elevados hasta en 40%, la oposición y analistas cuestionan que Morales continúe dando prioridad a la entrega de campos deportivos o prometiendo proyectos como la instalación de un satélite propio.
Una de las críticas que se hacen al gobierno son las medidas populistas, chorreando dinero a través de bonos, ayudas o subvenciones.
"El gasto público continúa muy suelto de cuerpo y alma sin posibilidades políticas de ser frenado. Además, con los aumentos de los salarios que se avecinan, la presión del consumo seguirá firme y fuerte", alertó el analista Gonzalo Chávez, docente de la Universidad Católica.
El clima de descontento se ha sentido a lo largo de los últimos días en varias ciudades. Este jueves es el segundo día de un paro de 72 horas del transporte de la central ciudad de Cochabamba en demanda del aumento de 30% en los pasajes.
Protestas similares se viven en Santa Cruz, Oruro y Potosí.
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Rokito
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